
Cuando el Consorcio adquirió la península allí no había nada. Después se hicieron unas chabolas, se puso un botiquín, la casa de Obras Públicas y la de la almadraba, poco más. Era un terraplén. Años más tarde habría una tienda, La Pacífica, de Paco La Finca. El Consorcio, a través de Joaquín Pérez Lila, administrador de la empresa, construyó lo que después sería el poblado que hoy se cae a pedazos. Corría el año 1946. Las chabolas se convirtieron en viviendas dignas, las más grandes para las familias que estaban todo el año y las pequeñas (una habitación y la cocina) para los temporeros, que venían de Isla Cristina, Málaga, Almería...
Díganme ustedes porque igual yo estoy equivocado. No creen que cualquier persona amante de la belleza, la sencillez y el buen gusto no sacaría de este edficio que véis arriba un hotelito precioso, armónico, tranquilo donde de verdad poder venir de vacaciones y disfrutar... ¡En este sitio Dios mío...!
Pues no, Mire usted. Los políticos han decidido que a derrivarlo, ya no está. Sabéis para qué, para construir un hotel de 20 estrellas con pulsera amarilla incluida...
¡Joder! Es que estamos "perdíos". Pero muy perdidos...

No hay comentarios:
Publicar un comentario