El vino.
¿Qué cultura no tiene su vino?
Ninguna...
Igual me equivoco.
Mi abuelo, ya mayor.
Ya no trabajaba.
Se llevaba todo el día sentado contemplando las musarañas, como decimos por aquí.
Yo, salvo en determinados segundos de mi existencia. No he podido conocer lo que son las musarañas. Pero esos segundos han sido mágicos.
Se sentaba en el patio, enfrente del siempreverde.
Siempre tuvo pájaros de perdices, siempre.
Venimos de familia de cazadores.
Y los escuchaba cantar.
A mi no me gusta su canto.
Casi me molesta.
Hay cantos mucho más bonitos.
Pero el libro de los gustos se quedó en blanco.
Gracias a Dios.
Sino que aburrido sería.
Pues bien, siempre tenía su "quinto" de vino al lado.
Y un vasito pequeño y alargado.
Cuando se le vaciaba el vaso lo volvía a llenar.
Y cuando se le vaciaba el "quinto" entraba en la casa y lo llenaba.
He trabajado en el campo. En las viñas, en la remolacha, en el algodón, en los garbanzos, en la huerta...
En todos estos trabajos el vino ha sido el compañero, el amigo.
Yo, en esos tiempos, apenas era un chaval.
Los hombres, casi todos, llevaban en la capacha su litro de vino.
Para desayunar, para almorzar y para "el cigarro".
Las capachas. Hechas de empleita, con la palma.
El vino.
Chiclana, Jerez, Sanlucar, El Puerto.
Sí. Se puede convertir en un vicio. Como todo.
Pero cuando lo sabemos disfrutar.
Qué de penas nos alivia.
Ahora, mientras escribo, estoy tomando una copita de vino.
De Chiclana.
ARROYUELO...

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