A partir de los años sesenta empieza un cierto movimiento aperturista en España y con él cierto auge de la construcción.
En Cádiz se empieza a desarrollar toda su periferia. Los trabajadores de los pueblos empiezan a encontrar trabajo en la capital y van hasta ella a diario en el único medio de locomoción posible, la bicicleta...
Conil está de Cádiz a unos 43 km. todos los días en bicicleta, ida y vuelta. Y todo el día trabajando en la construcción.... En aquellos tiempos.
En Conil, por este motivo, empezaron a proliferar los tejares de ladrillos. Había y hay barro suficiente y no era necesario mucha inversión, un horno, dos pilas para amazar el barro, leña y un trozo de terreno para cecadero... Mi padre tubo uno, yo era pequeño; mi abuelo tubo otro y por aquí en el pago mío, que yo recuerde al menos ocho tejares...
En otra ocasión explicaré como era el proceso de fabricación de los ladrillos, es interesante...
Pero ahora a lo que vamos...
Junto a mi casa, lindando, había uno. Un hijo del dueño estaba casado con una mujer de Conil y vivian aquí en el tejar.
Esta mujer tenía un abuelo en el pueblo que venía a pasar algunos días con su nieta.
Era un hombre particular, muy particular. En aquella época tendría unos 75 años; alto, delgado y de facciones rudas. Siempre llevaba un gran sombrero echo de palma con unas alas enormes.
Se sentaba en una silla en el patio en un lugar donde le diera el sol y allí pasaba las horas.
Los niños nos sentabamos a su alrededor y lo contemplabamos. Unas veces guiados por la curiosidad de tan espectacular personaje y otras porque cuando nos veia a todos reunidos él le daba rienda suelta a su imaginación y siempre tenía historias que contarnos. Pero no eran historias cualquieras, eran historias tan peculiares como lo era él mismo...
Yo creo, ahora viéndolo desde la distancia, que si ese hombre hubiese nacido en está época, o si hubiese podido tener estudios en aquella hubiese sido un gran escritor, grande. Sin embargo termino siendo considerado casi como un loco con el que los niños se podían divertir... ¡Que cruel es mucha veces el destino! Aunque bien mirado yo creo que él era feliz.
Siempre tenía una, o dos, historias nuevas que contarnos, SIEMPRE...
Os cuento una de ellas, una que aún recuerdo con mucho cariño...
Él decía que en su vida había sido un gran cazador, cosa habitual en aquella época y en esta zona.
-Po bien un día sali a caza y como to justede zaben, laecopeta se cargan po la boca. Po a ezo que me zale una liebre, me echo la ecopeta a la cara y ¡coño...! No estaba cargá. La liebre ze me quea pará mirandome. Zera hija puta, dije yo.
Cojo la ecopeta y me lio a cargala. Yo pa cargala uzaba una guena vara de menbrillo. Termino de cargala me la echo a la cara y ¡Toma! le pego un tiro. Entoje me di cuenta que ze me habia orvidao sacale la vara menbrillo.
Po na que la liebre ze me ecapao y veo como ze va corriendo con la vara menbrillo clava en el cotao.
Ya no di ni un tiro ma, me fui pa mi caza cabreao, cagandome en la liebre y to ezo que pasa cuando uno a fallao lo mejo der dia.
Po aquello pazo y alaño siguiente voy a caza ar mimo zitio. Me siento abajo de unarbo y a ezo que veo veni argo mu raro.
¿Qué e ezo que viene ahi Dio mio?
ka ve ma cerca... y ya a un tiro de piera veo que e una mata de menbrillo con muchijima oja y ocho mebrillo enorme en su rama andando...
La miro mejo y ¡COÑO.... COÑO...! Pero si e la liebre de laño pazao... y vie andando con la vara menbrillo clava...
Entonje me eche lacopeta a la cara y toma tiro que te crio... La maté...
Ma contento me fui pa mi caza... Ma contento.
Me comí la liebre y lo menbrillo...
Me gustaría que esto fuese un pequeño homenaje a este hombre, por su imaginación, por su fantasía y por haber alegrado la vida de algunos niños del campo de Conil...
Yo tuve esa suerte...
¡GRAZIA... ZEÑO ANTONIO... GRAZIA...!

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