La transición española...

¡Que etapa más bonita fue la transición española...!

Que de personas lucharon, trabajaron, dialogaron y cedieron Para que España sea el país que es en la actualidad...

Con la transición comenzó un proceso de dignificación del ser humano en nuestro país.
y fue un gran ejemplo para el Mundo.

¡Qué grande es la palabra LIBERTAD !



En Conil, como en cualquier otra parte de España, también hubo muchas personas que creían en la libertad, en la dignidad y en la salvación del pueblo.
Y cuando uno cree en algo pues... Ocurre.
Más, cuando son muchas las personas que creen.


No os voy ha hablar de la transición en sí, para eso están los libros de historia.
Os quiero contar una pequeñita e insignificante anécdota ocurrida en Conil y que puede reflejar a pequeña escala que fue la transición.


Conil, como casi todos los pueblos, tenía su propio dictador. El más grande, el que desde las sombras, unas veces, y otras de la mayor claridad dirigía los destinos del pueblo a su antojo y a su capricho. El dueño, podríamos decir.

En Conil este hombre era Don Carlos.
Es que a cualquiera le ponen un "DON..."

Tenía campos, industrias y mucho dinero. Era un cacique en todas las de la ley, un cacique tal como lo define el diccionario: "Persona que en una colectividad o grupo ejerce un poder abusivo. Persona que en un pueblo o comarca ejerce excesiva influencia en asuntos políticos".
Podría decir que este hombre superaba esta definición y se convirtió, durante un buen tiempo, en el dueño y señor no sólo de las personas sino también de sus vidas.
Eso sí, no faltaba nunca, jamás a su misa de domingo.

Este hombre era también el dueño de la compañía eléctrica de mi pueblo.
Os fijáis, él era el encargado de dar la luz a todo un pueblo.
Desde luego que hay ocasiones en que Dios se ha tenido que meter algún tipo de droga alucinógena porque mira que dar el poder sobre la LUZ a una persona tan oscura...

Pues bien, esto que os voy a contar le ocurrió a una persona muy cercana a mí, pero que muy cercana. Íntima diría yo.

La noche anterior a las primeras elecciones generales, noche de reflexión...
Esta persona de que os hablo fue a pelarse a una barbería de Conil. La barbería se puede decir que era, en lugar de un café-tertulia, una barbería-tertulia. Por ella pasaban casi todas las personas con ciertas inquietudes de Conil y se hablaba de lo divino y de lo humano.
No importaba el color, ni las ideas, ni la forma de enteder la vida. Nada de eso importaba en esta barbería. Lo que importaba era tener algo que decir y saber decirlo con respeto...

Qué grande has sido siempre Antonio Márquez...
¡Un barbero! Aunque no afeita, Ehhhh.



Pues bien, a esta barbería fue aquella noche nuestro personaje.
Como siempre, gente charlando de lo que aquel día era uno de los acontecimientos más importantes en la historia de España.

¡Las Primeras Elecciones Generales! Después de tanto años de oscuridad, de tanta miseria, de sufrimiento, de muertes, de venganzas, de odios, de esclavitud.
Después de todo esto se empezaba a abrir una ventana.
¡Un ventanal!

Llego su turno y nuestro personaje se sentó en el sillón del barbero. Y el barbero empezó a pelarlo.
Había que tener paciencia. ¡Mucha! Antonio podía, y puede (Gracias a Dios) interrumpir tu pelado diez o doce veces para seguir la tertulia que se estaba produciendo en la barbería.
¡Que ARTE!

Pues bien:
- Antonio, "chiquillo" no te distraigas tanto que me vas a trasquilar toooo.

-No te preocupes Manuel...

Je,je..


Siguió el pelado, ya andabamos más o menos por la mitad. Un lado pelado más que el otro. El flequillo cortado. Más pelos arriba que abajo.

Y justo en ese momento se fue la Luz.

Esperabamos y esperabamos...
Pero la luz no llegaba.

Hubo que dejarlo, y al día siguiente, no se trabajaba. Antonio me hizo el favor de terminarme de pelar.


El cacique, el dictador (No le digo nada más que ya está muerto el pobrecito) había cortado la LUZ, una de sus últimas pataletas.
Como un niño, el pobre. Que lastima...



¡Qué! Grandes se tienen que sentir todas esas personas que durante la dictadura y la transición lucharon y pelearon por la libertad y la dignidad de Conil y de España...

Muchas de todas estas personas son hoy políticos...
No olvidaros que no hemos terminado. ¡No!

Pero, ¿sabéis...? Creo que no.
Ahora la lucha es otra. La misma, pero otra.

Ahora la lucha pasa por liberarse de uno mismo, de nuestras propias cadenas, de nuestros egoismos, de nuestra hipocresía...

Hemos dado pasos, Sí. De gigantes...
Pero no es suficiente.
Nada más que tenéis que ver la clase política mundial.
Y esa clase es un reflejo de lo que somos todos nosotros.
El ser humano.


Pero también tenemos otra parte...
También tenemos otra clase de personas que siguen luchando, casi desde la trastienda, por un mundo más justo, más igualitario... Mejor.

Este es el mensaje que me interesa.
Lo otro os lo he contado sólo por curiosidad y para que no olvidemos nuestra historia...

La integremos, pero no la olvidemos.

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